
(Artículo escrito por las compañeras del Consejo de Mujeres de Apoyo Mutuo Aragón, publicado en el boletín ‘Colectividad’ número 15 en marzo de 2025).
Vivimos tiempos convulsos que a menudo son difíciles de interpretar pues el ascenso de la ultraderecha a nivel mundial, las políticas nacionalistas y proteccionistas o el colonialismo desenfrenado son sucesos que nos llevan a otros tiempos y nos recuerdan las preguerras mundiales. Esos mismos tiempos que también fueron años dorados para librepensadores como Marx y Engels y la teoría del materialismo histórico y la lucha de clases, Bakunin y Kropotkin y la teoría del apoyo mutuo, Errico Malatesta, las revoluciones populares…, todo tiene un porqué, una causa-consecuencia. Si bien son tiempos convulsos, también son tiempos de oportunidades si se sabe reaccionar.
¿Quién dijo que la lucha de clases había muerto? No fue Warren Buffet, por cierto. Esta nueva/vieja tercera guerra mundial, disfrazada de bloques pero que sigue siendo la misma historia desde la Revolución Francesa, ricos contra pobres.
Europa tiene un papel incierto a nivel geopolítico, con la entrada de Trump hemos visto como las tradicionales alianzas estratégicas han quedado invalidadas. Sin duda, tiempos de cambios que no auguran nada bueno, tiempos de cartas boca arriba.
Los movimientos son claros, en Oriente Próximo, Estados Unidos e Israel desestabilizan países mientras masacran poblaciones enteras desde hace ya décadas con el fin de asegurar la ruta energética desde los Emiratos Árabes hasta Europa. No es un tema político, pues les da igual aliarse con extremistas, es un tema monetario ya que todo vale para crear beneficios. Colonialismo 3.0 en acción.
Mientras tanto Rusia asegura su presencia en África donde pocos países escapan ya a su influencia asegurándose la provisión de minerales preciosos y el control de las minas de uranio y de tierras raras. Además, favorece programas nucleares en Etiopía o Uganda y controla a través de la colaboración de África Corps el desarrollo a su favor de los conflictos con el ISIS.
Al mismo tiempo que Francia ve perder sus proveedores de uranio, acorralando energéticamente a Europa, China se asienta comercialmente en Iberoamérica con su modelo colonialista suave, así lo llaman.
Europa ve como su influencia se desvanece atrapada supuestamente entre dos bloques en lo que parece un plan para acabar con los últimos resquicios del estado del bienestar mientras el pacto entre Putin y Trump parece repartirse el viejo continente.
Esta inestabilidad empuja a Europa al aumento del gasto militar reduciendo la inversión en los ministerios dedicados a la estatalización de los cuidados. Educación, sanidad y asuntos sociales serán como siempre los más afectados arrastrándonos a la privatización sistemática de los servicios públicos que desde los grandes lobbys internacionales persiguen infatigablemente. Esta carrera que en los últimos años está cogiendo velocidad con el desmembramiento de las empresas gubernamentales y los continuos ataques a la sanidad y la educación tiene como resultado la consiguiente polarización social que arrastra a la clase obrera europea a la desprotección y la exclusión.
Todos sabemos que en el capitalismo para que unos se enriquezcan otros se tienen que empobrecer, y a eso viene este nuevo establishment mundial.
La inyección de capital ruso hacia partidos de ultraderecha y el apoyo Trumpista a los mismos en Iberoamérica busca, entre otras cosas, allanar los cambios a nivel legislativo que se precisen para la Gran Privatización. Partidos patrióticos, se autodenominan, dispuestos a desmontar con las herramientas del libertinaje económico los colchones del pacto social.

¿Cómo nos va a afectar a todos, especialmente a las mujeres? Sin tener espacio para profundizar en un análisis más complejo, pintamos un boceto de lo que se nos vendrá encima.
La disminución de aportación de dinero público en educación, sanidad o servicios sociales, nos dará la puntilla final. Del modelo público basado en la no consecución de ganancias monetarias pasaremos a la especulación y la plusvalía mientras el trozo de pastel que se reservan para ellos será robado a la clase trabajadora.
La asistencia social, gran nicho de trabajo feminizado, a la par que las prestaciones sociales se verán gravemente comprometidas bajando el nivel de los servicios, como parte del plan, para que cada vez sean más familias las que se pasen a la sanidad privada, los colegios concertados, las residencias privadas para personas mayores…, tal y como decimos, su pastel cada día más grande.
Al otro lado nos quedamos las familias obreras atrapadas en la pinza de la vivienda y la precariedad laboral, luchando por subsistir mientras sobre nuestras espaldas volverá a recaer el peso de los cuidados que en algún momento pudo sostener el estado de bienestar.
Las mujeres con cierto poder monetario podrán encargar los cuidados al mercado de cuidados global, ese mercado de mano de obra migrante que curiosamente están arrinconando esos mismos partidos ultra nacionalistas, y otros presumiblemente de izquierdas, en la alegalidad los abandonan en el laberinto de la burocracia insalvable que les condena al extrarradio de la sociedad, un país dentro de otro país, una sociedad sin derechos a precio de mercado negro.
Nos estamos centrando en lo económico y hemos perdido de vista la carrera militar, ya se habla de restablecer el servicio militar obligatorio, ¿a que no sabéis donde irán l@s cachorr@s obrer@s, cansad@s de la pobreza, sin derecho a ser cuidados, excluid@s de una educación de calidad, sin acceso a una educación que les enseñe a ser personas críticas? ¿Adivináis cuál será el método para ganarse ese estatus civil de ciudadano de pleno derecho? Nuestr@s jóvenes se convertirán en carne para la picadora si no lo evitamos antes.
Es vital trabajar unidas superando las fragmentaciones y recuperar el horizonte común. A todas las mujeres obreras nos atraviesan las mismas miserias: desigualdad monetaria, pobreza de tiempo, sobrecarga de cuidados e invisibilidad en espacios masculinizados. También como mujeres migrantes añadimos la marginalidad, la falta de derechos básicos y el acceso a sanidad o a políticas sociales. Tenemos que acabar con los dobles sistemas de derechos civiles y que estos sean universales. Solo una sociedad igualitaria puede alcanzar la libertad de sus miembros.
Frente a este futuro no podemos cruzarnos de brazos, se hace urgente la unión de las mujeres para construir lazos fuertes que sean capaces de organizarnos como sociedad alternativa, que haga posible plantarles cara en las calles, en los barrios. Una unión que nos permita ir casa por casa de nuestras vecinas y suplir todas juntas el agujero que nos va a dejar un Estado en retirada.
Que cuándo vengan, que vendrán, nos encuentren en frente, brazo con brazo luchando por nosotras, por nuestras familias, por nuestros barrios, por nuestro futuro.





















