La pretensión de este escrito es una breve mirada: hacia dentro de los movimientos sociales y hacia la realidad actual.
Primero algo de ahora y de siempre.
Aunque el capitalismo, tal y como lo entendemos, con sus diferentes mutaciones, la última de ellas el Neoliberalismo, es algo relativamente reciente, hay realidades, conceptos que se anclan en lo ancestral y que nos afectan a tod@s.
El Patriarcado es el principio básico del que parte la colonización de cuerpos y mentes. La dominación masculina sobre mujeres y, por extensión, niñ@s y personas que no encajan en la norma, sigue vigente y está en nuestra práctica social cotidiana y en una forma de entender el mundo, la vida, que es transversal. Encontramos prácticas patriarcales en nuestras costumbres incluso en ambientes que se dicen progresistas o de izquierdas.
No es nada nuevo, lo sabemos, pero reaparece en nuestro día a día y, si bien es cierto que es algo que preocupa y que intentamos trabajar, es una labor que debería ser tan de fondo que parece que siempre se queda corta.
Pero la sociedad ha ido cambiando en las últimas décadas y los movimientos de población nos han traído otras realidades. Y ahí está otra pata de la dominación cotidiana sobre nuestras iguales, más allá de la dominación económica, que está en la mirada colonial, la mirada paternalista hacia las que entendemos como recién llegadas.
En esa mirada, que no suele ser con mala fe, se resumen patrones anclados en lo más profundo de lo que entendemos como una naturaleza que no va tanto de lo étnico como de aprendizaje involuntario de años en el que se mezclan desde una enseñanza que naturalizaba el imperialismo hasta el mismo Patriarcado del que hablábamos antes.
Por descontado ello se refiere a ambientes más politizados de la izquierda amplia, lo libertario, el feminismo, el ecologismo militante…
Pero todo esto, que suena simple a cualquier persona con unos mínimos de cultura política, cuando bajamos al común de la calle son conceptos que le resultan ajenos y que, dada la debilidad actual de los movimientos sociales, cada vez se difunden menos. Esto referido a lo de siempre, son debates repetidos. Pero ¿Y lo de ahora?
Pues ahora mismo hay una parte nada desdeñable de la sociedad que niega la mayor, incluso la existencia del patriarcado, el machismo, el racismo o todas las demás consecuencias del pensamiento patriarcal/colonial. Es fácil culpar a las redes sociales, ese simpático estercolero a través del cual se informan (o eso creen) millones de personas.
Unas redes que, es cierto, simplifican todo y dan respuestas simples a problemas muy complejos. Y, en esas mismas redes, que tienen una potente cámara de eco ultraconservadora, se da por hecho que el Patriarcado ni existe, no solo que tiene una evidente presencia en nuestras prácticas sociales, consciente o inconsciente. Redes que menosprecian a las feministas situándolas en el papel de viejas locas (Charos) o personajes autoritarios (feminazis). Que hablan de ecologetas o desprecian cualquier manifestación cultural porque están subvencionadas, lo que quiera decir este topicazo.
Pero este síntoma no es más que el sarpullido más evidente de una infección social que está proliferando como es la oleada neoreaccionaria. Una oleada que funciona como lo han hecho siempre las diferentes olas de imposición autoritaria: ideas simples, negar la realidad y generar un lenguaje cómodo y simplón. Hay auténticos maestros en estas maniobras de intoxicación informativa, pero todo es parte del sino de los tiempos.
Volviendo al principio: el capitalismo ha entrado en otra fase. Más allá del neoliberalismo, en este pensamiento reaccionario que encuentra su punto de partida a mediados de los 80, lo que se está dando es una mirada individualista extrema.
Todo esto es un contraciclo, un cambio de paradigma en que cualquier pensamiento transformador va perdiendo terreno. De hecho, hemos caído en la perversión del lenguaje (lenguaje=cultura, de ahí lo que llamamos guerra cultural) en que se denosta lo colectivo, en que lo empático, lo femenino, se convierte en malo por definición.
En cuanto a lo colonial, el espacio es limitado y no es cosa de extenderse mucho, pero no hay más que mirar a la realidad más inmediata. Occidente se ha metido de lleno en una guerra contra un régimen patriarcal y odioso, pero por ideas que riman con las del siglo XIX. A todos los efectos una guerra colonial comandada por dos subproductos emanados de lo peor de la democracia liberal y que enraízan con el pensamiento autoritario de nuevo cuño.
Es lo que tienen las nuevas guerras coloniales: que son clavaditas a las de antes.
J.M. Marshall
Apoyo Mutuo Aragón
